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          Esta página fue creada por  Reinaldo Chirinos el 4 de marzo de 2010


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El amor como base fundamental en la educación

Por: Santaines | Publicado: 06/04/2012 21:26 |


El amor como base fundamental en la educación humanista y liberadora

Un sujeto que se forma en un contexto violento y agresivo, contiene una alta posibilidad de reproducir su realidad consigo mismo y con los demás.

En ambiente de formación para construcción de la educación humanista y liberadora se hace necesario implementar con énfasis, el amor por nosotros, el amor por nuestros semejantes, el amor por el Planeta Tierra y el amor al conocimiento y la comprensión; en síntesis como lo dijo Jesús de Nazaret: amor al prójimo a sí mismo. Indudablemente, es en la esencia del amor donde está la clave oculta para construir la sociedad justa, libre y equitativa como tiene que ser una sociedad de iguales, una sociedad de verdaderos ciudadanos, como debe ser la sociedad socialista que nos proponemos construir en Venezuela en los actuales momentos.

El amor, como enunciado expresivo en el ambiente de formación, implica fortalecer un lenguaje afectivo, valorativo, acorde y significativo para los sujetos de aprendizaje. El amor que se propone en la educación liberadora humanística debe centrarse en la razón, los conocimientos y saberes previos de los participantes, en la práctica del respeto y valoración de sí mismos, como realidad única y universal, bajo el fomento de una ética universal centrada en la demostración y el razonamiento y no en la normatividad tradicional disonante ya que para construir la educación liberadora necesitamos pasar de una ética normativa y opresiva tradicional, a una ética convincentey deductiva, donde se le permita al sujeto de aprendizaje el cuestionamiento lógico, razonado y constructivista, que permita poner en práctica el amor por la humanidad, entendiendo el amor como la fuente primaria para concebir el logro de la verdadera liberación del ser humano, porque si amamos a nuestra familia, entonces amamos a la humanidad, no porque lo digan los manuales, códigos y leyes, sino porque desde la práctica cotidiana podemos interpretar cuanto bien y cuánto perjuicio nos hacemos a nosotros y a los demás, cuestión que podemos resolver con la aplicación sincera de la práctica del amor al prójimo como a sí mismo.

Debemos entender muy enfáticamente que hemos construido por imposición del sistema establecido, un régimen cultural donde la ética funciona en forma segmentaria, por satisfacciones individualistas, por intereses de clases y por caprichos de la élites, siendo etiquetadas por regiones, sectores y estratos sociales, en forma indiscriminada, como una práctica de dominación cultural y no dentro del marco de la necesidad diversa y universal.
En la educación liberadora ejercida a través de la práctica del amor como estrategia nos vemos en la necesidad de cultivar una ética que nos lleve a la comprensión y al razonamiento y no a la búsqueda pasiva e inconsciente de un sistema normativo impuesto por la clase dominante. Es inexcusable el momento para hablar de una educación liberadora, asumiendo el reto como un compromiso transformador y enmarcado en la práctica del amor por la humanidad, por la diversidad global, pero con sentido holístico de pertenencia universal, construyendo nuestro propio devenir, para salir de los hábitos que nos carcomen y que hoy median y norman, sin duda alguna, a la educación.

El reto es convertir a nuestros participantes, desde los ambientes de formación, en sujetos activos, conscientes, críticos y autocríticos frente a la realidad tangente, donde el sujeto sea el protagonista de la construcción de los saberes en el aprendizaje emancipador, donde sean planteadas ideas, proactivas y creativas de generación colectiva, procurando crear un ambiente en el que el sujeto se destaque en el ejercicio de la idea hecha palabra, que conjugue la libre expresión ciudadana, donde sea posible configurar un contexto de interacción entre iguales en el compartir de la diversidad de los conocimientos que deben ser la labor elemental de los sujetos de aprendizaje y el facilitador, donde cada uno pueda ejercer la facultad de dar a conocer sus puntos de vista y le sean respetados sus criterios, conjugando la colectivización de los mismos; una interacción, en un contexto donde se practique la entereza, el respeto, la comprensión y la apreciación de la realidad sentida por cada uno de los participantes en el ambiente de formación, interactuando con un lenguaje afectivo, con respeto a los estilos y formas de aprendizaje de cada uno de los participantes, ya que la principal configuración de un ambiente de formación, son los sujetos de aprendizajes, lo cual debe llevarnos al crecimiento emocional de manera colectiva y participativa, desarrollando los conocimientos interpersonales haciendo hincapié en el trabajo valorativo y en equipo, logrando la valoración y evaluación de sí mismo y de los demás participantes, fortaleciendo el sentido de pertenecía del aprendizaje en forma universal, comprendiendo que los errores también forman parte del aprendizaje, por lo tanto es necesario que a través del trato afectivo hacia los participantes se logre intensificar los conocimientos forjando el crecimiento, la autoestima y el respeto mutuo, construyendo estrategias que permitan a los sujetos de aprendizajes conocer y aceptar sus limitaciones, pero no en un sentido de inferioridad o superioridad sino como una experiencia de conocimiento, razón y comprensión de su realidad, que ayudará a fomentar un clima de confianza ante los retos la vida misma.

Reinaldo Chirinos
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